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martes, 9 de marzo de 2010

PROVINCIAL DE CLUBES - REGATAS DE SAN NICOLAS - CON EL DEBER CUMPLIDO



Cuando la derrota no logra opacar toda una campaña

Más allá de haberse quedado sin el título, Regatas cumplió las metas planteadas al comienzo del torneo. El andar del equipo fue convincente, las contrataciones respondieron, potenciando al resto y los más chicos mostraron su crecimiento. Esa conjunción generó interés en la gente, lo que puede ser punto de partida para algo grande.

De la Redacción de EL NORTE
deportes@diarioelnorte.com.ar

Toda la gloria fue para Estudiantes que festejó el título del Provincial de Clubes con la misma euforia con la que celebró la obtención de dos campeonatos argentinos y dos internacionales allá en el comienzo del nuevo milenio. No era para menos: El Bataraz volvía a ser noticia después de varios años de ostracismo. El mítico Parque Guerrero lo consagró y allí, en el Gran Gimnasio, se vivió una fiesta, después de las dos victorias con autoridad que consiguió el dueño de casa, que se preparó para ascender y que se alzó con su objetivo.
Del otro lado estaba Regatas. Llanto en los más chicos, impotencia en los más grandes, pero cabezas erguidas. Esa imagen describía los sentimientos que dominaban a los jugadores regatenses, que sentían la desilusión lógica por haber perdido una final, pero que al mismo tiempo eran concientes de todo el esfuerzo que habían realizado para llegar hasta allí y de lo valiosa que había resultado para todos -incluyendo al club- esta experiencia. Es allí cuando la derrota no opaca todo lo hecho durante el torneo.

Lo que quedó
La premisa de Regatas era que los pibes se “foguearan”. Sin embargo, con los juveniles, más Luciano Giuzzio y la llegada de Federico Pascual, solamente no le iba a alcanzar para enfrentar a rivales complicados, como los que finalmente le tocó enfrentar en la competencia. Entonces, con mucho esfuerzo, la dirigencia tras la mediación del entrenador Pablo Dastugue dio el golpe y se reforzó con dos hombres de pasado reciente en la Liga Nacional y el TNA: Omar Cantón y Gabriel Domínguez. Junto a ellos también llegó Leonardo Lete, quien iría de menor a mayor en su rendimiento. A la base la conformaron los mayores y los chicos acompañaron. Al inicio del certamen Regatas parecía ser un equipo corto. A excepción de Ramiro Cruz, el resto aportaba muy poco cuando saltaba a la cancha. Esa situación se fue revirtiendo de a poco con el correr de los partidos, hasta llegar a Pilar, cuando Federico Barone, Maximiliano Ochoa, Ignacio González y el propio Cruz exhibieron su crecimiento y le dieron vida al conjunto nicoleño, que tenía la serie perdida contra Sportivo. Al ritmo de Domínguez, de magistral tarea a lo largo del torneo, apoyado en la jerarquía de Cantón y con el oficio de Giuzzio, Regatas fue sorteando etapas, inclusive después de haber perdido a un suplente importante como Matías García y sin poder contar con el lesionado Federico Boveris, otro jugador que podría haber aportado soluciones. No obstante, Lete fue potenciado por sus compañeros y sin sumar refuerzos en el receso, los Náuticos, con sus armas, las de siempre, las que mostró desde el arranque del Provincial hasta el último encuentro, arañó el título. Estuvo a un minuto de quedarse con la corona y, luego, tuvo la última bola para serlo, en ese segundo choque que será tristemente recordado. Asimismo, se podrá decir que Ochoa tuvo sus chances en el suplementario y que Pascual no jugó al nivel que podía hacerlo, por trayectoria y condiciones.

Ganó el más fuerte
Sin embargo, lo real y concreto es que ganó Estudiantes, ese partido y el posterior tercero y definitivo, trabajando, sufriendo y necesitando en más de una vez que los más de 2.000 hinchas que lo acompañaron lo despertaran de la sacudida que le estaban dando los de “La Ribera”.
Ese Estudiantes que fue amasando la posibilidad del ascenso desde el arranque del campeonato. Lo que tuvo en la Fase Regular no le fue suficiente para ser más que Villa Mitre y decidió renovarse. Y trajo a dos bahienses: Juan Daniel González, quien se erigió en su jugador franquicia en los play-offs, y al peligroso tirador Gonzalo Badano, de fundamental contribución para la conquista del título. Recién ahí pudo quebrar a Villa Mitre, para ser el Estudiantes que su técnico, Irineo Galli, pretendía tener y el que, liderado por Silveyra o Catanzaro, le respondió en situaciones críticas, como las que atravesó ante Regatas.
El mismo Estudiantes que en el pasado ganara en dos oportunidades la Liga Nacional, una Sudamericana y un Panamericano de Clubes y que después de tres años y medio de su retiro (septiembre de 2006), obtuvo el ascenso a la Liga B y volverá a jugar en el estamento nacional, si a futuro confirma su inscripción en la Asociación de Clubes. Se agregó a los ya ascendidos Ramos Mejía (Capital Federal) y Centro Español (Plottier).
Para Regatas quedará aguardar que se confirme la invitación de la AdC y así poder ser otro de los protagonistas de la próxima edición de la Liga B. Hasta ese momento sería ideal que no se pierda la efervescencia que esta campaña de su representativo generó y que el pueblo regatense, tal como se mostró durante toda esta temporada, se mantenga unido detrás de una causa que, ahora si, parece tener un sustento deportivo: el regreso al profesionalismo.

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